EL OJO CLÍNICO, UN CONCEPTO DECRÉPITO

PRESENTACIÓN

¿”IN ICTU OCULI…”?

El que aparece por encima de estas líneas no es un ojo cualquiera: es el Ojo Izquierdo de Horus, el dios de la mitología egipcia. Si fuera el derecho, hablaríamos del Ojo de Ra y, ese sería otro asunto. El Ojo de Horus simboliza la salud, la curación y la recuperación; en pocas palabras, los objetivos esenciales de la Medicina. No voy a extenderme comentando en detalle su significado ni su uso entre los médicos del antiguo País del Nilo. Ya lo hizo magistralmente, en esta misma Tribuna, el doctor Ortiz González (véase “Distintos métodos terapéuticos en el arte, I”,14 de diciembre de 2023).

Sí quiero detenerme, sin embargo, en un pequeño y curioso detalle de ese ojo que ha pervivido hasta nuestros días. Si observan la imagen con un poco de buena voluntad, puede distinguirse una letra “R” (ciertamente en espejo). Desde la Edad Media hasta la actualidad, las recetas médicas comenzaban con una “R” que fue evolucionando: primero con una raya encima, , después ,y finalmente Rx.

Según una interpretación atribuida a Sir William Osler, este símbolo sería una invocación mágico-religiosa a la protección del Ojo de Horus. Existe, no obstante, una explicación más prosaica: la “R” sería simplemente la abreviatura de “recipe” (toma…, o tómese… de donde procede precisamente la palabra “receta”): la orden al farmacéutico acerca de los ingredientes necesarios para elaborar la fórmula magistral. La rayita sobre la “R̄” sería el recurso del escribano medieval para indicar que “faltan letras”.

El símbolo evolucionó (resumo, porque la historia es larga) hasta partir la pata curva de ℞. Se ha sugerido incluso un sincretismo entre los símbolos de Horus y de Júpiter, introducido este último en el siglo I por Crinas, médico-astrólogo romano originario de Marsella. Con la llegada de los teclados modernos, la grafía se simplificó a Rx. Sea cual sea el origen, la Iglesia medieval creyó a pies juntillas la teoría mágico-religiosa y se esforzó por “cristianizar” estas evocaciones a dioses de la competencia obligando a los médicos a sustituirlas por “RR” ("Responsum Raphaelis”), hoy en desuso, en referencia arcángel Rafael (“Dios sana” en hebreo): recuerden el asunto del Libro de Tobías y la designación de Rafael como patrón de los farmacéuticos.

Un inciso: Rx sigue utilizándose hoy en muchos países. En España (que “is different”) se emplea “Dp.” (despáchese) con significado equivalente.

Pero volvamos al ojo, al archimencionado “ojo clínico”, ese don cuasi-mágico que nos permitiría a los médicos (al menos a “los elegidos”) diagnosticar en un abrir y cerrar de ojos (“in ictu oculi”), permítanme birlarle el termino literario-plástico, un tanto forzadamente, a San Pablo y a Valdés Leal. Ese, el ojo clínico, es precisamente el tema que desarrolla a continuación el profesor José Antonio Durán Quintana, figura destacada de la Medicina Interna, cuya trayectoria académica y profesional lo sitúa entre las voces más autorizadas de nuestro ámbito y a quien tengo el honor de presentar, en un artículo dirigido originariamente a la Real Academia de Medicina de Sevilla y que ha tenido la gentileza de permitirnos reproducir en nuestra web.

El Profesor Durán, especialista en Medicina Interna y Farmacología Clínica, es Doctor en Medicina por la Universidad de Sevilla, donde ejerció como Catedrático de Farmacología Clínica (dirigiendo una veintena de Tesis Doctorales) y como Decano durante el cuatrienio 1993-1997. Fue Jefe del Servicio de Farmacología Clínica del Hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla y es Académico de Número de la Real Academia de Medicina de Sevilla, institución en la que llegó a ocupar la Vicepresidencia. Conferenciante, investigador y prolífico autor, cuenta con numerosos libros, (destacando entre ellos El dolor, duele) y un centenar de artículos científicos nacionales e internacionales.

No procede aquí realizar un spoiler del trabajo del profesor Durán, un texto que combina erudición, experiencia y una mirada crítica sobre la esencia misma del acto médico (su reflexión nos recuerda que la capacidad de ver, de saber ver, no es un don misterioso, sino el fruto de la formación, la observación y la experiencia acumulada) pero sí me permitiré incluir unas frases que enlazan de forma muy precisa con su exposición.

El ojo ve sólo lo que la mente está preparada para comprender"(Henri Bergson).

El ojo no ve lo que la mente no sabe.” (Josef Skoda).

El valor de la experiencia no está en ver mucho, sino en ver con sabiduría”. (William Osler)

Julio Sánchez Román
Secretario de AADEA

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