Esclerodermia: un diagnóstico a prueba… de médicos. La esclerodermia ha sido, desde sus primeras descripciones, una enfermedad que obliga al médico a mirar dos veces. Su rareza, su heterogeneidad y su capacidad para disfrazarse bajo formas engañosas han convertido su diagnóstico en un pequeño examen de conciencia profesional. Quizá por eso la pintura —ese otro territorio donde la mirada decide— se ha convertido en un inesperado aliado para comprenderla. Antes de entrar en el recorrido que propone el doctor Martín Suárez, mi querido amigo y compañero, conviene recordar que la historia de esta enfermedad es, en realidad, la historia de una serie de miradas fallidas, cada una reveladora a su manera. Referencias históricas lejanas aparte, el primer episodio conocido suele adjudicarse a Carlo Curzio, médico napolitano que describió el caso de Patrizia Galiera (nótese el problema que se habría buscado Curzio hoy en día con la Ley de Protección de Datos) en “Discussioni anatomico-pratiche di un raro, e stravagante morbo cutaneo in una giovane donna felicemente curato in questo grande Ospedale degl’Incurabili. Indirizzate al chiarissimo Signor Abate Nollet”, publicada en Nápoles por Giovanni di Simone en 1753 (Figura 1). La joven, de 17 años, presentaba una induración cutánea generalizada, con
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